Un laboratorio escolar típico atiende a varios grupos distintos al día, y el problema de siempre es el mismo: si el equipo se deja abierto entre grupo y grupo, el siguiente hereda archivos y configuración del anterior. Si se congela para reiniciarlo, el alumno que sí necesitaba guardar su avance lo pierde igual que el que dejó algo indebido.
Ninguna de las dos opciones es realmente buena. Y la tercera opción de siempre —reimagenar el equipo entre grupos— consume minutos de clase reales, varias veces al día, durante todo el ciclo escolar.
Una carpeta por alumno, en el mismo equipo
Con kiosQ, cada alumno —o cada equipo de trabajo— tiene su propia carpeta dentro del mismo laboratorio. El docente comparte el material de la clase en una carpeta de solo lectura; cada alumno guarda su propio avance en su espacio privado.
Si el laboratorio necesita empezar de cero al inicio de un nuevo ciclo, borrar carpetas es una operación de segundos — no de reimagenar veinte máquinas durante el fin de semana.
Lo que cambia en la práctica
- El siguiente grupo se sienta en cualquier equipo disponible: el escritorio de cada alumno lo sigue, esté donde esté dentro del aula.
- Nadie tiene que acordarse de "cerrar sesión" con cuidado — lo único que ve el siguiente grupo es la pantalla de inicio, vacía.
- Si un alumno necesita seguir trabajando en casa, escanea el QR de su propio equipo desde su teléfono.
Funciona igual en equipos Windows o Linux, mezclados o no — algo común en laboratorios que acumulan hardware de distintas generaciones. Más detalles en kiosq.espaciorojo.xyz.