Un programa de lealtad tiene como seis decisiones y cuatro son gratis. La tecnología resuelve dónde vive la tarjeta; lo que decide si la gente vuelve son estas seis, y se toman antes de contratar nada.

Este artículo está escrito para cafeterías, panaderías, barberías, lavados de autos y cualquier negocio con ticket chico y visita repetida. Si tu cliente te compra una vez cada tres años, un programa de sellos no es tu herramienta.

1. Cuántos sellos: ni tres ni veinte

El número de sellos define cuánto tiempo dura el trato. La regla que funciona es despejar cuántas visitas quieres exigir y traducirlo a semanas:

Cada cuánto viene tu clienteSellos razonablesCuánto dura llenarla
Casi diario10 – 12Dos o tres semanas
Dos o tres veces por semana8 – 10Un mes
Una vez por semana6 – 8Mes y medio o dos
Una vez al mes4 – 5Medio año, y es mucho

Si la tarjeta tarda más de dos meses en llenarse, el premio deja de ser una razón para volver y pasa a ser un trámite. Si se llena en cuatro visitas, estás regalando margen a quien ya venía.

Un truco que sí funciona y no cuesta: una tarjeta de diez que empieza en dos se termina más que una de ocho que empieza en cero, aunque las compras necesarias sean las mismas ocho. No es superstición, es un efecto medido; lo explicamos en por qué funcionan las tarjetas de sellos.

2. Qué premio poner

El premio tiene que doler poco y sonar mucho. La cuenta se hace con el costo del insumo, no con el precio de venta.

Supongamos un café de $60 con $12 de costo real, y una tarjeta de ocho sellos:

  • Ocho compras al precio de lista: $480 de venta.
  • El premio te cuesta $12, no $60.
  • El descuento efectivo sobre esa venta: 2.5%.

Dos y medio por ciento por una razón concreta para volver ocho veces es barato. Compáralo con lo que cuesta un anuncio que traiga a un cliente nuevo una sola vez.

Dos errores comunes:

  • Premio en porcentaje. "10% de descuento en tu novena compra" no se antoja, no se cuenta y no se presume. Un producto sí.
  • Premio con letras chiquitas. "Café gratis (tamaño chico, de lunes a jueves, no aplica con otras promociones)" convierte el premio en una discusión en la caja. Si el premio tiene que tener condiciones, que sea una y que quepa en el cartel.

3. Cuándo sellar y cuándo no

Decídelo antes de que la primera persona pregunte, porque la incoherencia entre turnos es lo que mata la confianza en el programa:

  • Un sello por visita, no por producto. Si alguien pide cuatro cafés para la oficina, es un sello. Si no, el programa premia comprar mucho de una vez, que es justo lo contrario de lo que quieres.
  • Un mínimo de consumo, si tu carta es muy dispareja. Una galleta de $20 y una comida de $250 no pueden valer lo mismo.
  • El premio no da sello. Suena obvio, y es la duda número uno del mostrador.

4. El cartel: dónde va y qué dice

El cartel es la única pieza de marketing del programa. Va junto a la caja, a la altura de los ojos de alguien parado esperando su cambio. No en la puerta, no en el corcho de los volantes.

Editor de cartel con el QR, el nombre del local y el premio, listo para imprimir en tamaño carta

Tiene que decir tres cosas, en este orden: qué te llevas, cuántas compras y qué hay que hacer ahora. "Junta 8 sellos y llévate un café gratis. Apunta la cámara al código." Todo lo demás sobra.

En Méiguī shé el cartel lo arma el editor con tu nombre, tu premio y tus colores, en tamaño carta y a 300 ppp para que se pueda imprimir sin que se vea pixeleado. Lo imprimes, lo pegas y ya estás dando de alta.

5. Los quince minutos con el mostrador

Es el paso que más se salta y el que más programas mata. Si quien atiende no ofrece la tarjeta, no hay programa. La frase tiene que estar decidida y ser siempre la misma:

«¿Ya tienes nuestra tarjeta? Es apuntar la cámara al código, tarda diez segundos y se te guarda en el teléfono.»

Y una regla para la fila: si hay tres personas esperando, se ofrece pero no se acompaña. El cliente lo hace solo mientras le preparan lo suyo.

6. Las tres cifras que hay que mirar

Un mes después, el programa se juzga con tres números y ninguno es "cuántos sellos di":

Panel con tres cifras de ejemplo: socios afiliados, porcentaje que volvió al menos una vez y visitas del que vuelve
  • Socios dados de alta. Mide si el cartel y el mostrador están haciendo su trabajo. Si es bajo, el problema es la caja, no el premio.
  • Cuántos volvieron al menos una vez. Mide si el programa hace algo. Si se dan de alta cien y vuelven cinco, el premio no interesa o la tarjeta es demasiado larga.
  • Cada cuánto vuelve el que vuelve. Es la cifra que se compara consigo misma mes con mes. Si baja, algo está funcionando.

Un arranque de dos semanas

  1. Día 1. Decides sellos y premio con las cuentas de arriba. Creas la cuenta —son catorce días de prueba, sin pedir tarjeta— y cargas nombre, premio y colores.
  2. Día 1, más tarde. Imprimes el cartel y lo pegas junto a la caja. Quince minutos con el mostrador para acordar la frase y las reglas de sellado.
  3. Días 2 a 14. Ofrecer siempre. No cambies nada todavía: dos semanas de datos malos son mejores que dos semanas de ajustes.
  4. Día 15. Miras las tres cifras y ajustas una sola cosa. Casi siempre es el premio o el número de sellos, no la tecnología.

Si en dos semanas nadie guardó una tarjeta, la respuesta ya la tienes y no costó nada. El producto está en wallet.espaciorojo.xyz, y el modelo de cobro —cuota mensual, sin comisión por cliente— sigue el criterio que explicamos en un modelo de precio SaaS que tiene sentido para pymes mexicanas.

Sebastián Espinoza

Fundador · Espacio Rojo

Espacio Rojo es una empresa de tecnología basada en Chihuahua, México. Construimos software, hardware y SaaS para empresas mexicanas que quieren competir con las mejores del mundo.